NO DEJES ENTRAR AL VIEJO, …dijo CLINT EASTWOOD.

Eso le dijo nuestro admirado y nonagenario Clint Eastwood al cantante de country Toby Keith, cuando éste le preguntó qué hacia para seguir activo y brillante a su edad

Cuando me levanto todos los días, no dejo entrar al viejo”.

Así, una frase como si fuera un título, o parte de un guion de sus películas. Y, con esas palabras del director de cine, Keith compuso una bella canción para la película MULA.

NO DEJES ENTRAR AL VIEJO EN TI

Pero ¡ qué razón tiene esa frase épica, legendaria, casi fílmica!.

 Mantenerse activo, vivo, fuerte, capaz, está en nosotros, en nuestra inteligencia, actitud y mentalidad. Somos jóvenes, con independencia de nuestro DNI. Aprendamos a luchar por no dejar “entrar al viejo” .

Ese viejo que- parece- a todos nos aguarda, apostado- cansado- a la orilla del camino. Esa sensación antigua de cansancio, de “paraqué”, de “dejá vu”

Sofia Loren, al igual que Eastwood, sabe el secreto de una vejez activa y satisfactoria: “Envejecer puede ser agradable, e incluso divertido, si sabes cómo emplear el tiempo” dice Loren. Y “ si estás satisfecho de lo que has logrado y sigues conservando la ilusión” (Memorias Ayer, hoy y mañana, publicadas en 2014). A sus 86 años nos indica el camino de una vida plena, sin arrepentimientos, ni traumas ya superados (“salvo no casarse de blanco”) .

No dejemos entrar al espíritu viejo, al criticón, hostil, envidioso, a ese ser que escudriña en nuestro pasado para anudarnos de quejas y remotas angustias, o de traumas revividos y de olas de dolor.

Demos la espalda al viejo murmurador, lleno de rabia y quejas, de falta de valor, que se niega a si mismo que la vejez pueda ser creativa, decidida, llena de luz y con más proyección que una bobilla de 100 w. Ups!!! de 20 LED, perdón (1)

(1)una bombilla LED de unos 20 W equivale a una bombilla incandescente de 100 W, con un  nivel lumínico ronda los 1.500 lm.

El viejo no se moderniza, nosotros si.

LA OLA DE CALOR Y LA PARALISIS SOCIAL

La ola de calor, sucesivas olas, de este verano, nos han dejado exhaustos. Las temperaturas han subido por encima de 40 grados y las mínimas no bajaban de 20.

Los aires acondicionados y los ventiladores solo han podido paliar la sensación, otra vez, de angustia, indefensión y parálisis.

 Lo peor que hemos podido hacer es tener un pisito soleado y sin aire acondicionado. Si encima estás en fiestas, aún peor.

Creo que las olas de calor son olas de horror.

Tenemos un precioso país en el que, año por año, no nos preparamos para nada. La previsión, el pensar en el futuro o en los demás, el poner remedios a lo que puede llegar…no va con nosotros.

Vivimos al día, soportamos estoicamente lo que llega, culpando a quien sea (el clima, el agujero climático, el ruido que hace el vecino, los petardos en las fiestas y que las paredes no sean aislantes.).

Y volvemos a pasar calores insoportables en la próxima ola que venga.

Igual que en la vida …Aguantamos los que ocurre, día tras día, callados, pensando solo en que no nos pille de nuevo el COVID .

 La ola repetida de la improvisación.

dig

EL MAR DE LOS DE TIERRA ADENTRO

KKKK

Siempre me ha llamado la atención la fijación que tenemos con el mar las personas que hemos nacido tierra adentro. En nuestro fuero interno soñamos con el día en que lo volvamos a ver, bien sea como destino, como lugar de paso, como meta, como camino o como brújula interna y externa.

Todos recordamos la primera vez que lo vimos: quizás el Mediterráneo, tan tranquilo, azul, caliente, infinito e inmutable, ajeno a todos. Con los niños a su lado, mojándose en ocasiones, construyendo en arena sus dibujos y riendo cuando el mar se las deglutía. Quizás otros mares u océanos más bravíos, como el Cantábrico o el Atlántico, que no permiten largas siestas en su orilla, sino que estimulan con su viento las caminatas, e inflan las velas de los barcos y la fuerza de las olas.

 A lo largo de la vida vas viendo otros mares y océanos, pero  la sensación constante es que es el mismo. Nuestro planeta y especie se nutre, se genera, se regenera y muere por el agua del mar.  Las mareas nos guían desde lejos, la luna nos señala la intimidad del mar con sus rayos. Nuestras vidas discurren a su compás, aunque estemos lejos. Nos influye siempre y aún a distancia, como la picadura del erizo marino que remueve el dolor en tu cuerpo con el cambio de mareas. Como las noticias de los barcos perdidos cuando ya ha pasado la tormenta. Como el olor salino que te sorprende al deshacer la maleta de tus vacaciones y la arena que cae de las playeras.

Nos parecen seres afortunados, esas personas que viven junto al mar, y que, por eso mismo, lo tienen por seguro y no le hacen mucho caso. Admiro con qué suave displicencia, con qué extraña fortuna, esos marconvivientes lo ignoran, sabiendo que, en cualquier momento, pueden tenerlo. Les veo comportarse como el niño que no quiere el dulce ofrecido porque en su casa los hay siempre. Como el amante que no aprovecha todas las horas del día para el encuentro, porque sabe que su pareja espera paciente.

 Admiro esa especie de sensación de propiedad sobe el mar que tienen las almas litorales. 

A los de dentro, cuando vamos al mar, siempre pocos días, siempre menos de lo deseado, no  nos importan el tiempo ni las condiciones. Paseamos a su lado todos los días, a estar cerca de él, a olerle, a soñarle. Esa sensación de lo escaso, de lo que se escabulle, de lo que nunca se tiene suficiente. Tenemos prisa por disfrutarlo en nuestras fechas limitadas. A nosotros el mar nos quita las penas. Cuando lo miramos, no solamente vemos sus olas, a veces suaves y otras broncas, su ritmo y música. No sólo olemos su perfume lleno de azul, sino que lo reconocemos en nuestro cuerpo, en nuestros latidos -que tienen su mismo espacio y notas-, en la sensación intima de paz y serenidad que nos inunda. Los pensamientos se acallan y se agranda el corazón.

 Como si, de forma inesperada, encontráramos  el principio y fin del lugar del que venimos y al que queremos volver. 

Tú que me lees, seguro que volverás pronto al mar, ¿verdad?

VOLVER A CONFIAR EN NOSOTROS (Salir del ERE emocional)

Como si hubiera pasado un vendaval por nuestras vidas.

Como si lo que hemos construido: familia, sociedad, carreras, trabajos, estabilidad, economía… fuera de papel.

Como si nada hubieran sido los días y las noches necesarios para sacar un negocio adelante, una carrera, unos hijos, pagar una hipoteca, aprender a conducir, construir una confianza, un futuro.

Así ha sido este año 2020-2021. Las crisis que conocíamos -económicas y financieras, de guerras y fronteras, de enfrentamientos políticos y religiosos-, han sido sepultadas por una realidad aún más temible. Una pandemia, una enfermedad que no conoce fronteras, ideas ni razas. Que ha causado millones de muertos.

Esa es la sensación interiorizada. Desaliento, desconfianza, falta de ilusión, lucha de mera supervivencia.

Cuesta reconocerlo, posiblemente hayamos perdido, en una de estas olas del maremoto, nuestra capacidad de sobreponernos. Nos limitamos a contar los muertos, a señalar estadísticas para los cierres de hostelería o de perímetros autonómicos o nacionales. A decir si las UCIs aguantarán o no. Cuanto más hablamos de números -a los que se están incorporando los números de vacunaciones-, menos hablamos de los seres humanos. Pareciera, que menos nos importan.

O quizás es una estrategia personal o social o mediática, para no enfrentarnos a la realidad implacable que nos rodea. Como una suerte de ERE emocional, que algún día deberá acabar, pero que intentamos prolongar para evitar enfrentarnos a la realidad.

¿Por qué no cambiar nuestra forma de ver la realidad?

Tenemos a nuestro favor muchas cosas, y no me refiero sólo a éxitos tangibles como las vacunas, los tratamientos y la cada vez más organizada lucha contra esta desconocida amenaza, sino a nuestra capacidad natural e innata de creatividad, de superación, de lucha por la vida propia y la de los que nos rodean.

Confiemos en nosotros mismos, aunque estemos surfeando una mala ola. Volvamos a luchar por los nuestros, a tomar nuestras propias decisiones, a decidir qué noticias filtrar, a tratar a los números como realidades pasajeras que no nos conforman; a adaptarnos y valorar cada momento. A considerar lo imponente de nuestra fortaleza, que nos ha hecho sobrevivir a siglos de guerras, pestes y tragedias, y nos ha permitido construir maravillosas civilizaciones, orquestar logros increíbles, superar las cotas más altas de ayuda humanitaria.

Muy por encima de esa sensación de fatalidad, de ser dirigidos y estigmatizados por la pandemia, los canales de televisión y las noticias escritas, se yergue poderosa nuestra fortaleza, nuestra libertad de acción y creación, nuestro amor por todo lo que nos rodea.

Hemos llorado por las personas que no están, por el destrozo general, pero también somos capaces de la mayor sensibilidad, de llorar por la nueva primavera que hemos podido oler y disfrutar con los nuestros. Por cada vez que hemos llegado a casa con miedo pero salvos, por cada vez que hemos visto por videoconferencia o que hemos abrazado a nuestros seres queridos. Por cada canción, ventana, mensaje y experiencia que nos ha llenado de esperanza.

Estamos vivos y vamos a luchar. Ésa es nuestra obligación para nosotros mismos, los que nos rodean y los que vendrán.

Volver a confiar en nosotros mismos.

LOS MAYORES LEEN : “PEREGRINAS”

Autor:  Joaquín Berges

Género: Novela contemporánea, narrativa en español.

Editorial: Tusquets editores. Colección: Andanzas.

Publicación abril 2021. Precio aprox.: 20 eu.

Sinopsis: El viaje repleto de humor y emoción de tres octogenarias aventureras escapadas de su residencia. Dorita, Fina y Carmen son tres octogenarias que, con el pretexto de hacer el camino de Santiago, se escapan de la residencia de ancianos donde viven el verano del desconfinamiento. Mientras asistimos a los apuros de estas tres aventureras por el interior de España, la novela reconstruye los momentos más singulares de sus vidas y los motivos que justifican tan insólita escapada. 

Por qué me gusta: Describe una aventura de cuatro (no tres, no nos olvidemos del maravilloso Julio) personas mayores sin el paternalismo, el suave menosprecio y la falta de empatía con la que habitualmente se les trata en la novela actual.

Sus emociones, sentimientos, y su aventura es tan vibrante, real, lúcida y enriquecedora que nos invita a mirar la vejez con ojos de asombro y delicia.

Una frase: la vida es un beso entre dos generaciones.