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LOS MAYORES ANTE LA SEGREGACIÓN DIGITAL

Ha sido una victoria épica y rápida. Carlos San Juan, el impulsor de la campaña “Soy Mayor, no idiota”, recopiló 600.000 firmas para reclamar medidas contra la exclusión financiera de las personas mayores en España. Visto el éxito, se han dado por aludidas autoridades del ejecutivo y entidades financieras, quienes prometen medidas para mejorar la situación en los próximos días.

 No es nada excesivo lo que se pide: humanidad bancaria.

 La situación es claramente abusiva: “Hola, soy mayor, tengo mi dinero en su banco, no manejo-o no tengo- internet; sus cajeros, sus apps y su atención presencial no responden a mis necesidades y hago colas eternas a la intemperie, para que me dejen operar con mis fondos”.

Esto, sin mencionar las comisiones cada vez mayores que, por el uso de cualquier servicio bancario o por la mera tutela de fondos, nos están imponiendo, aunque mis ahorros y mi pensión estén engordando sus activos y dividendos.

La sensación de abandono de los mayores ha aumentado por la digitalización impuesta en los últimos años por la pandemia de Covid-19, en la banca, en la Administración Pública, en la Sanidad y en todo nuestro entorno. Y ha relegado al aislamiento a amplios sectores de los mayores, por no tener formación o medios informáticos, o por estar en entornos rurales o mal comunicados. En el último informe de Cáritas se considera la brecha digital como el nuevo analfabetismo del siglo XXI.

 De tal forma que, hoy por hoy, si no utilizas el ordenador puedes perder empleos, ayudas y subvenciones, salud y cualquier oportunidad que un ciudadano con plenos derechos, como es el mayor, tiene derecho a disfrutar.

Esto es segregación digital.

Se hace imprescindible respetar a los mayores, no permitir que, a causa de una mal impuesta y extendida digitalización, sean excluidos del ejercicio de sus derechos básicos.

 Las fórmulas deben ser consensuadas con los mayores. No se trata de ayudas de condescendencia, sino de acuerdos que les den pleno poder de decisión y autonomía para operar. Se hace necesario que reconozcan el auténtico valor y derecho al uso de los medios bancarios que precisen, en completa igualdad de oportunidades a otros colectivos.

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