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MADRES

TAN FUERTES Y TAN FRÁGILES

Hija, madre, abuela, bisabuela, hermana. Todas las madres en una.

Siempre que miro su casa, la veo a ella.

Ya está un poquito cansada, reposa los pies en alto y le encanta que una de sus nietas le cuente cómo ha pasado el día mientras le da masaje en los pies. Pies arrugados, deformados, rendidos al final del día.

Siempre que oigo una historia familiar, recuerdo la suya.

En un pueblo del norte quizás, que casi nadie conoce, entre muchos hermanos emigrantes, con mucho esfuerzo de vida, de trabajo físico y de dedicación para poder estudiar. O trabajar. O salir adelante, simplemente.

Siempre que veo a mis hijos dejar comida en el plato recuerdo sus frases épicas:

“Aquí no se tira nada”, “cuánta gente pasó hambre, en la guerra y en la posguerra”, “muchos querrían ese filete que dejas”.

Siempre que vuelvo a casa, con disgusto, con hartazgo de las bravuras de la vida, de la insultante fuerza del día a día, del combate con mis propios y ajenos pesares, recuerdo cómo ella, tan frágil y tan fuerte, escuchaba las diatribas de mi padre al atardecer, sobre injusticias y adversidades.

 Le obligaba a sentarse, con manises y el vasito de Ponche Soto: “De eso se trata, de bailar el día, la vida, entre los dos”. Ella más bien de vaso de leche migada.

Y así cincuenta años, bailaron los dos.

Ni sólo rosas, ni sólo espinas.

En una vida frágil y fuerte.

Tan frágil como mi memoria, tan fuerte como sus recuerdos.

Tanto como los recuerdos que tú, que me lees, tienes de los tuyos. Y que, si tú quieres, nos puedes hacer llegar para compartirlos.

Recuerdos recogidos :

“Cuando murió mi madre, dejé de tener calor. Siempre tengo frío, salvo los días muy cálidos del verano” (Mary Carmen)

“La noche en que falleció mi madre creí que yo también moriría y me desmayé. Mi familia despreció mi dolor. Mis hijos me recogieron del suelo” (Elisa )

“Soporté su muerte porque ella me preparó, me avisó con tiempo, me soltó la mano con toda la dulzura de que fue capaz ” (Jaime ).

“Seis años después he curado mi corazón, cuando comprendí que mi madre no querría habérmelo roto” (Ramon )

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