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Soledad y solitud. La soledad positiva

¡Cuánto se escribe sobre la soledad!.

 En las personas mayores o en los jóvenes; en la familia, la sociedad o en el trabajo. Siempre con connotaciones negativas: favorece el aislamiento y la depresión, incrementa el riesgo cardíaco y el dolor crónico; te aleja de tus proyectos y reduce tus expectativas.

Incluso se nos dice que éste es el espíritu burlón de nuestra época: todo ser está sólo siempre y nunca será ser por mucho tiempo. Ya, para el resto del mundo, nos vamos quedando pasados de moda, viejos y solos, caducados. La soledad no es más que una realidad perenne y un anticipo de lo que, antes o después, será el auténtico descubrimiento humano: nacemos, vivimos y morimos solos.

La pandemia y las redes sociales no parecen haber mejorado nuestra sensación de soledad. Bien al contrario, han eliminado la interacción y le han dado un sentido negativo a nuestro lugar con los otros: culpabilizar, enfrentarse y desentenderse son ya verbos habituales en nuestro comportamiento. Hemos decidido ser más egoístas y estar más solos, después de lo que hemos pasado.

Sin embargo, y cada día más, si uno mira a sus adentros, encuentra una soledad gustosa y fructífera, en la que gozamos de libertad para actuar, encontrarnos con nosotros mismos, disfrutar enteramente de las aficiones, rellenar los espacios de vacío, dolor y competitividad con nuestros pensamientos, recursos y con alegres autodescubrimientos. Como decía Lord Byron, “Sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo”. Nosotros salimos, compartimos, hablamos y reímos con los demás. Pero es en esa soledad buscada, donde somos absolutamente responsables y dueños de nuestros actos, donde vemos cómo crecemos y cuál es nuestro camino. Y dónde cargamos las pilas, la mente y el corazón de nuestra propia energía, de nuestra fuerza nutricia, la que nos va a permitir llegar donde queremos.

Es una oportunidad mágica, la solitud, la autorreflexión, el recogimiento y el pensamiento. La solitud es la oportunidad de descubrirnos. La de dejar a un lado la soledad no deseada. La de perder el miedo a nuestro interior.

Y la que nos permite regresar con suavidad al acompañamiento de los otros, con renovadas fuerzas y reflexiones. Cuando lo decidimos libremente, de forma singular y brillante, y no por miedo o por necesidad de compañía.

Es la solitud “Una agradable sensación de estar sólo y a gusto, sin soledad “. C.Albert,

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