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Vd. no supo nunca… Javier Marías (D.E.P.)

(In memoriam)

(Foto “El Confidencial”)

Usted no supo que los mayores de cincuenta años nos encontramos sus libros como quien se encuentra una estrella varada en la acera. Que, a medida que la vida nos iba abriendo las carnes, sus libros nos explicaban los cómo y los hasta cuándo. Nos sobrecogía su compañía en la búsqueda, no en las soluciones, como una mano amiga que te sujeta el hombro, y te abre la puerta.

Usted no supo que, con usted, aprendimos las primeras letras. Las de adultos de verdad. Las que no tienen comienzo ni final, como sus argumentos. Las que hacen que te replantees todo, a la luz de la Luz de unas oraciones eternas, dubitativas, desiderativas, optativas, espirales. Que nos van llevando hacia dentro. Y luego nos expulsan de nosotros mismos.

Usted no supo que, con sus libros, aprendimos, no sólo filosofía, historia, geografía, metafísica y gramática, sino a creernos potenciales escritores. Su prosa clara, aparentemente sencilla, parecía estar al alcance de cualquiera. Discurría naturalmente, llenando el cauce del arroyo seco. Eso es lo que hace grandes a los verdaderos genios: que los que leen su obra, crean que pueden ser como ellos.

Usted no supo todas las veces que, con uno o varios de sus libros para la dedicatoria, en alguna Feria o librería, no nos atrevimos a transitar los cuatro metros hasta usted, Maestro. Era nuestro dios. No era solo uno o una, las mujeres y los hombres estaban rendidos a usted. Gentil, lúcido, culto y complejo. No podíamos acercarnos al mejor escritor de este siglo y del pasado en nuestro idioma, en nuestro país. De tan humano, era inalcanzable.

Usted no supo, y eso es lo que más pena nos da, que miles de lectores han sido mejores por leer sus obras, por entrar en su reino redondo de dudas, traiciones, coherencias y demás sustancia humana. Que se han liberado de mucha hojarasca con su escritura, un prodigio de claridad, belleza, fuerza y coherencia. Y que creyeron en usted y creyeron en sus obras.

A usted nadie le dijo, en el momento de la vida, del miedo habitual, del discurrir diario de las cosas (no en el de la muerte cruel, inesperada y trágica) lo imprescindible que era y lo mucho que significaba para nosotros. Quizás esto pudiera haberle salvado, a modo de escudo, a modo de ejército.

Y usted no lo supo.

Septiembre 2022

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