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Y DE PRONTO, ESTÁS SOLO

Llega una edad de “padre mayor” -los 50, los 60, los 70-, y te das cuenta de que has oído demasiadas veces a tus hijos: “No, ahora no puedo ir a verte”. O “No por el momento, más adelante te iremos a ver”, o “Quizás pronto puedas venir”, o “Comemos juntos en cuanto podamos…”

Y, de pronto, has entrado en otra fase de tu vida.Eres el padre/madre pelma, el pesado, al que “hay que” ir a visitar porque si no, se enfada..

Y recuerdas con nostalgia tu laboreo de papi/mami: Atrás quedaron los desvelos de su primer año, con las fiebres, la lactancia, las vacunas y su infancia; con ese delicioso descubrir una vida diferente con ojos nuevos; con la atravesada adolescencia, buscando los límites contra sus padres en un juego de locos. Atrás quedaron los miedos, los goces y certezas del primer amor, la explosión de una vida lejos de sus padres por separado, a la que les animaste desde siempre, pagándole un Erasmus, o unos estudios, o un alquiler, o incluso un coche para que se fuera. 

Ahora ya, no quiere volver. Te dice: “Es mejor no vernos, ya sabes, por la pandemia”. Ya, pero ¿dentro de dos meses?, preguntas. “Es que tengo proyectos, Irene está pendiente de traslado, los niños son muy pequeños, es mejor no viajar, estás más tranquilo sin nosotros”

Y, de pronto, estás solo. Te miras al espejo, estás solo. Se me llevan los demonios, tanto esfuerzo para que me dejen de lado, piensas al principio. No lo merezco, no lo merecemos.

Luego te das cuenta de  que eso no es  verdad, no te dejan solo, te aman por encima de todas las cosas, su mejor retaguardia es verte fuerte y satisfecho. Si tú les dices que sí, que pueden con algo, que adelante, ellos vuelan. Es un fenómeno sin igual el de la conexión paterno-filial : un fenómeno fuerte, suave, a distancia: ellos crecen, porque tú crees en ellos.Vuelan lejos de ti, pero contigo.  Si tu no estás , ellos no duermen. 

¡AY!, recuerdas, yo hacia lo mismo. Tenia fuerza, planes, presente y futuro, mis hijos crecían, la vida bullía a mi alrededor y el día no bastaba con sus 24 horas… Me faltaba tiempo y lo obtenía de no estar con mis padres. Total, ellos lo comprenden todo, pensaba. Ya les iré a ver la próxima semana. O el próximo mes. Les llamo mañana sin falta. Les compro esos merengues, o ese foulard… Debo recobrar la conferencia semanal, que no se me olvide. Y les puedo invitar a comer el cumple de la niña.No me los quito de la cabeza, van conmigo a todas partes…pero no puedo estar físicamente con ellos, qué pena, de donde voy a sacar tiempo. 

Somos iguales. Y no se lo puedes decir. No les puedes decir que un día echaran de menos no haberte preguntado por tu infancia, por qué le tenias tanto miedo a las aglomeraciones o no se lo tenias a las tormentas. 

Tú les enseñaste a ser felices sin ti. Tu mejor regalo

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